Viru+: Rosa, un color que se deja ver poco en los coches de carreras
19 mar 2017  
© Daimler
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Las carreras de automovilismo son como el ciclismo. Los coches dibujan una serpiente multicolor tanto en la parrilla de salida como en el resto de la pista. Vivos, apagados, neutros,… diferentes tipos de tonalidades que conforman un arco iris de la velocidad. A lo largo de la historia de este deporte hay colores que se han repetido en varios vehículos y hay otros que apenas se ven o lo han hecho de manera puntual. Anteriormente se pintaban los automóviles dependiendo del país donde procedían: el verde para los británicos, el azul para los franceses, el gris para los alemanes y el rojo para los italianos. Hablando de Formula 1, los monoplazas experimentaron cambios en sus decoraciones tras la llegada de los patrocinios a la categoría allá por la década de los setenta. La piel desnuda fue vistiéndose paulatinamente con tatuajes (logos) de empresas que aportaban dinero, algunas grandes cantidades, a las escuderías. El tradicional escenario tonal fue sustituido por otro. Las compañías tabacaleras fueron las que apostaron fuerte por este gran escaparate publicitario como es la F1 y sus colores corporativos y/o de sus productos viajaron a 300 km/h por los circuitos del mundial. John Player Special, Marlboro o Camel son ejemplos de ello.

Cuesta de ver, es una rareza, pero el rosa también es un color de carreras. Ha aparecido en contadas ocasiones sobre el asfalto, no es exclusivo del sector femenino aunque la proliferación de mujeres piloto ha contribuido a ello y se ha visto más en Estados Unidos donde ha servido además para ayudar económicamente a asociaciones de lucha contra el cáncer de mama.

En 1955, cuando el Gran Circo daba sus primeros pasos el circuito de Indianápolis caminaba con soltura. El Brickyard acogió la trigésimo novena edición de las míticas 500 Millas que por sexto año consecutivo estaban incluidas en el calendario de la Formula 1. Celebradas un lunes, la carrera la ganó el estadounidense Bob Sweikert a bordo del Zink Kurtis número 6. El coche, pintado de rosa, se encuentra en el museo del trazado americano.

Debut rosado para un bicampeón de F1. Una década después de lograr su segunda y última corona mundialista el brasileño Emerson Fittipaldi se estrenó en la Indy 500. Aquel domingo 27 de mayo de 1984 salió desde la vigésima tercera posición en la parrilla de salida y tras 37 vueltas dadas al óvalo se bajó de su monoplaza rosáceo patrocinado por W.I.T. Racing Promotions debido a una pérdida de presión de aceite. Cinco años más tarde consiguió su primera victoria de las dos que protagonizó.

Siguiendo en suelo del tio Sam pero ya entrado en el siglo XXI pilotos como el británico Alex Stewart Lloyd -ya retirado-, sus compatriotas féminas Pippa Mann y Katherine Legge y la americana Danica Patrick se pusieron al volante de un bólido de color rosa. Antes de aterrizar en el DTM Legge lo hizo durante la temporada 2006 de la Champ Car, Lloyd y Mann en las 500 Millas, de 2009 para el amigo de Lewis Hamilton en el karting y de 2013 a 2016 para la londinense, y Patrick en la NASCAR en 2011.

El cerdito rosa. Volvemos al viejo continente pero retrocedemos cuarenta y seis años haciendo parada en el legendario circuito francés de La Sarthe. La sede de las archiconocidas 24 Horas de Le Mans tuvo un invitado especial en 1971: el Porsche 917/20. La peculiaridad del automóvil del equipo Martini Racing Team, pilotado por los alemanes Reinhold Jöst y Willi Kausen, era su librea. Diseñada por Tom Lapine mostraba las partes de despiece de un gorrino, de ahí su sobrenombre de “Pink Pig”. También era conocido como “Big Bertha” o “El cazador de trufas de Zuffenhausen (Der Tuffeljäger von Zuffenhausen)”. No le acompañó la fortuna ya que la única vez que competía tuvo que retirarse a causa de un accidente. Sin embargo, puedes verlo en el museo de la marca de Stuttgart.

Los dos bigotudos más famosos de la F1 son Nigel Mansell y Keke Rosberg. Ambos se vieron las caras en los ochenta e incluso compartieron box en la temporada 1985 dentro de la formación Williams. Sin embargo, el finlandés antes de enfrentarse con el inglés disputó el campeonato europeo de F2. Durante esa época compaginó ese certamen con la Formula Atlantic, una competición de monoplazas equipados con motores no superiores a 1.600 centímetros cúbicos que se celebraba en circuitos canadienses, en 1977 y 1978 con el conjunto Fred Opert Racing. Su año de debut lo hizo a los mandos de un Chevron B39 con propulsor Ford de color rosado. Con siete citas en el calendario venció en una de ellas, acabó dos veces segundo y terminó en un discreto duodécimo puesto en la última ronda. Ocupo el cuarto lugar en la clasificación general con 82 puntos.

La presencia de las mujeres en el automovilismo de los cincuenta se limitaba a las arcaicas gradas de los circuitos como acompañantes de sus parejas, pero hubo una que se atrevió a romper los moldes, a saltar a la pista y medirse conduciendo con aquellos pilotos de entonces. No se amedentró y se subió al Maserati 250 de Fangio -coche con el que el argentino logró el título en 1957- en el Gran Premio de Formula 1 de Mónaco en 1958. Su nombre: María Teresa de Filippis. A sus 32 años se estrenó en la categoría reina junto a ilustres personajes como Jack Brabham, Stirling Moss, Graham Hill y un viejo conocido, Bernie Ecclestone. No pudo clasificarse para correr la carrera pero participó en tres mítines más esa temporada donde solo disputó la prueba belga, que finalizó en décima posición. La italiana, fallecida en 2016, fue una pionera y años más tarde cuatro féminas añadieron su nombre junto al de la transalpina: Lella Lombardi (1974-76), Divina Galica (1976 y 1978), Desiré Wilson (1980) y Giovanna Amati (1992). Tuvieron que pasar veintidós largos años hasta volver a ver a una mujer al volante de un monoplaza de F1 en un fin de semana de carreras. Fue Susie Wolff en la sesión matutina de libres del viernes en Silverstone con el equipo Williams. La escocesa provenía del Deutsche Tourenwagen Meisterschaft, donde se retiró en 2012 tras permanecer siete temporadas. La esposa del director deportivo de Mercedes compitió desde 2009 con su Clase C pintado de color rosa. El DTM recuperó la imagen de las mujeres piloto en 2006 con la llegada de Katherine Legge y Susie Wolff (Stoddart de soltera) después de que Ellen Lohr fuera la última en participar en el certamen en 1995. Tres años antes la alemana logró la victoria en Hockenheim. Ha sido la única en subir al primer escalón del podio en toda la historia.

Una vez terminados los entrenamientos de pretemporada de la F1 2017 y a diez días de que empiece la acción en Melbourne la escudería Sahara Force India desveló la nueva decoración de su VJM10 tras firmar un acuerdo con la empresa austríaca de tratamientos de agua Best Water Technology. El monoplaza del conjunto hindú se vestirá de rosa durante toda la campaña gracias a BWT. Dicha compañía ya dotó de ese mismo color al Mercedes C 63 AMG de Lucas Auer en el DTM 2015. Un año después también al C 63 de Christian Vietoris.

Asimismo la firma de Mondsee estará presente en la actual temporada de la F4 germana y del ADAC GT Masters como patrocinador del equipo Mücke Motorsports. La muniquesa Sophia Flörsch, fichada para 2017, llevará uno de los dos monoplazas de la formación en la F4.

Jonatan Montero → http://www.twitter.com/JoMo_79

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