Viru+: Así se vive desde el Paddock un día de Tests en el Circuit de Catalunya
9 mar 2017  
sainz

El invierno ha sido tedioso. Largo e inactivo de cualquier actividad relacionada con la Formula 1. Sin ninguna noticia que pusiera al aficionado de pie y atento a alguna buena nueva.
Y así, a través de los vientos fríos y las nevadas, llegó la primavera. Con ella, las presentaciones. Coches bonitos, coches feos. Para gustos colores, y «pa» colores, las escuderías. Mucho y poco se esperaban de unas y de otras.

Mientras pasan los días, aparecen los Tests. El Circuit de Barcelona-Catalunya ha sido el encargado de acoger las pruebas de pretemporada, un año más.

Hay varias maneras de acceder a él:

-Con 18€ en el bolsillo, accedes a toda la Pelousse y a varias de las gradas (principal, final de recta y parte del estadio)
-Has donado sangre en días anteriores, y un vale con un código, te permite pagar dicha entrada al precio de 0 euros.
-Eres socio. Así que además de poder entrar en los sitios antes mentados, puedes reservar media hora para acceder al Paddock y disfrutar de la F1 de cerca.
-Trabajas para la prensa, así que puedes moverte a tu antojo.
-Eres fotógrafo acreditado, y gracias a un pase especial puedes entrar (tras reservar tu tiempo) al Pit Lane.
-Una empresa privada te invita a pasar el dia en un Pis Box. Son las «habitaciones» que están justo encima de los boxes. Disfrutas de las mejores vistas y de un catering excelente. Además de una visita guiada por los viales del Circuit.

Sea como fuere, eres un privilegiado. No todo ser humano tiene la prebenda de vivir de cerca tal evento.

Entrar en las instalaciones es tarea fácil. Con la tarjeta colgada del cuello, pasas por una puerta metálica, en la cual dos amables chicas pasan el código de barras por un lector. Dentro. Justo después, a dos metros, una pequeña y triste mesa de PVC con dos tíos de seguridad no tan amables te miran la bolsa o mochila. Igual que en la carrera: no envases de más de 500 ml. ni cerveza. Ni recipientes metálicos.

Te mueves libremente por la Pelousse. Hay cuatro o cinco sitios en los cuales se pueden hacer muy buenas fotos con una cámara mínimamente decente. Los aficionados sois unos cuantos. Sin demasía, ya que desde hace dos años, este acontecimiento se realiza entre semana. Disfrutas de los coches en la lejanía y apenas puedes oler el aroma de los neumáticos o de la gasolina.

El hecho de poder entrar en el Paddock ya cambia las tornas… y la perspectiva de este deporte. Eso ya es otra cosa. Pasas por el hueco de 80 cm que dejan entre reja y reja que separa dicho recinto del resto del mundo. Una vez adentro… lo ves todo. Un pasillo de unos cinco metros de ancho y 300 de largo. Policromático a rabiar.

Los impolutos camiones son acicalados a diario. Incluso las ruedas están negras como si acabaran de salir de la fábrica. Intentas buscar cualquier mota de polvo. No la encuentras, ni la encontrarás. Los vinilos decorativos o la pintura está perfecta al milímetro.

En un lado están los Motorhomes. Están a un metro de la pared de boxes. Desde el pasillo de los Pisos Box se puede ver parte de su interior. Neumáticos, ordenadores y más ordenadores. Cables. Piezas. Y todo ello con la presencia de un quirófano. Normalmente se componen de dos semiremolques separados un par de metros y acondicionados en forma de taller/almacén de recambios/zona de neumáticos. Totalmente tapados y herméticos para que puedas ver lo mínimo posible. El secretismo es máximo.

Al otro lado, están los “Hospitalitis”. El de Mercedes es como una inmensa recepción de hotel de 5 estrellas, pero en forma de sala de reuniones. Gris, metálico, pero cálido a la vez. Con mesas. Limpio, con algunas plantas que le dan un poco de vida a ese aspecto alumínico. La misma presencia ya infunde respeto. A la otra punta de esos 300 metros hay una modesta y sencilla carpa perteneciente a Sauber. Sin más. Blanca. Sin señales de exuberancia ni opulencia. Éstos están concebidos para recibir a sponsors, prensa y cualquiera que se acerque. Siempre tendrás una sonrisa como recibimiento y alguien ofrecido a atenderte. Eso si, si lo vas a hacer, que no sea en plan turista. Buenas formas y con algún motivo. Si eres de los que van con camiseta de cualquier escudería tirando fotos a lo loco y correteando buscando autógrafos, olvídate de entrar. No están para esto. Actitud ante todo.

Yendo tranquilamente puedes encontrarte ingenieros, reconocidos fotógrafos, o referentes periodistas del mundo del motor. Algunos de ellos llevan más tiempo que la puerta. Los pilotos apenas se dejan ver. Si consigues dar con uno, tienes suerte. Normalmente van corriendo, con prisas. Algunos de ellos con un par de mecánicos o asistentes separando a las multitudes que se le agolpan con móvil en mano o rotulador y foto. Sólo en momentos de calma, o cuando ya ha terminado la jornada, puedes tener la opción de hacerte una foto con ellos. Raikkonen o Vettel son inaccesibles. Ricciardo o Verstappen son tíos dispuestos a perder 4 minutos para hacer felices a un puñado de aficionados.

Sobretodo observación. Si quieres dirigirte a alguien, pero ves que está hablando con dos personas, vas a incordiar. Es obvio. Ni te molestes. Sin embargo, puedes encontrar a algún periodista o fotógrafo apurando el pitillo o simplemente descansando apoyado en la pared de un camión. Te acercas, saludas y puedes entablar una corta pero gratificante conversación con esa persona. Incluso una foto. Intercambias opiniones. Preguntas y gustosamente te responderá. Por regla general son simpáticos, dispuestos y entregados al aficionado. Te despides con una sonrisa y te corresponden con otra. Así da gusto. Ten en cuenta que ellos pensarán lo mismo.

Si algo se odia en el Paddock, son los correteos, el «te pego un tirón en la camiseta para que me hagas caso». Los gritos. Los empujones. La agobiante insistencia de «¡¡una foto, una foto!!!» a base de voceríos. Eso solo hará que el piloto en cuestión huya y se le quiten las ganas de firmar nada. Si está dispuesto a hacerse una foto, ten paciencia. Si te llega el momento, adelante. Si no, mala suerte y otra vez será.

Las maneras, la buena educación, el buen proceder hará que un día en el Paddock se convierta en una hermosa jornada. Disfrutar es el objetivo.

Desde la terraza, arriba del todo del edificio de los boxes, se pueden hacer muy buenas fotos. Si estás en el sitio adecuado y en el momento correcto, verá los bólidos desde un punto de vista cenital. Algo difícil de ver. Todo un privilegio para ti y tu cámara de fotos. Puedes adivinar qué coche va a parar por dos razones: los mecánicos están a la espera de recibir el coche y porque puedes percatarte que los tipos que llevan esos enormes teleobjetivos en el hombro se dirigen hacia ese punto. Es la señal que te indica que en breves segundos algún corredor va a detener su vehículo. Prepárate para hacer buenas fotos. En cuestión de 10 segundos el coche ya está muy bien escondido dentro del garaje.

Y el último sitio que queda para disfrutarlo de cerca: el Pit Walk. De 13 a 13:40, dejan que los aficionados puedan caminar por el Pit Lane. Aunque hay una mala noticia: el hermetismo y secretismo es tan alto, que este año no se ha podido ver absolutamente NINGÚN coche. Decepcionante. Hace pocos años (dos o tres) podías ver, a puerta abierta y desde dos metros, como los mecánicos trabajaban en la suspensión o en los frenos. Eso si era vivirlo de cerca. La mayoría de escuadras ponían sus coches a modo de exposición para que pudieras disfrutarlos. Sin embargo, esta temporada se ha accedido al Pit Lane para nada. Bueno, si. Para poder decir que habías estado ahí.

Si jamás has tenido la ocasión de presenciar unos tests insitu, es recomendable que lo hagas. Es toda una experiencia y se puede gozar de cerca lo que en un fin de semana de carreras es totalmente imposible disfrutar.

Jonathan Solanes → http://www.twitter.com/jsolanesgarcia

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