Viru+: Schumacher-Vettel, dos carreras deportivas paralelas, de la antipatía al respeto
30 jul 2015  
@Ferrari
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No siempre se puede caer bien a todo el mundo. Habrá quien desde el primer momento te arroje la mejor de sus sonrisas. Existe quien, desde el primer instante, crea una barrera que mantiene lejos esa persona.

No se sabe el porqué. Algunos dirán que es la energía que desprendemos, otros, más escépticos, dirán que es la expersión no verbal.

En 1991, Eddie Jordan fichó a un joven Michael Schumacher. A la siguiente carrera, ya estaba llevando un volante del equipo Benetton. Desde entonces, empezó una meteórica carrera, no sin altibajos.

Algunas piedras se encontró por el camino de la animadversión de la afición hacia él.

Cuando tuvo un encontronazo con Ayrton Senna, en Bélgica 1992, el alemán empezó a despertar cierto sentimiento de antipatía. Un gesto del carioca hacia su motor, hizo pensar a Michael que era hacia él. Luego tuvieron una seria charla ambos corredores. Senna era intocable. Schumi un novato.

En 1994, cuando el brasileño se nos fue, el futuro heptacampeón heredó el trono de los campeones. La afición no acabó de aceptar tal herencia.

En esa misma temporada, se encontraron ciertas irregularidades en el Benetton, las cuales hicieron sospechar que las victorias del de Kerpen no eran del todo lícitas… ni merecidas. El accidente con Damon Hill en Melbourne acabó por rizar el rizo. Jerez 1997 ya demostró lo que muchos ya sabían.

Pero si había algo por encima de todo, era su expresión. Cuando ganaba, cuando subía al podio. Ese aire de soberbia, de chulería e incluso de pedantería.

No caía bien. Un gran sector de la afición no alemana no le apoyaba en absoluto. Sus batallas (algunas de ellos un tanto sucias) con Hill acabaron por acabar de imprimir su propia etiqueta de piloto mal visto, poco querido o no aceptado como deportista con carisma.

Pero en 1996 llegó a un equipo Ferrari con más sed que un botijo vacío y sus tres increíbles victorias le dieron un cambio de imagen. Lo ocurrido en el circuito Jerezano un año después o en los entrenos de Monaco temporadas más tarde, no harían más que definir su manera de ser.

Claro está que entró en la Formula con buen pie, siguió mal, le silbaron, le abuchearon, pero se acabó ganando el respeto a base de victorias, tesón, carisma y grandeza como piloto.

Algo paralelo vemos en Sebastian Vettel. Cuando aterrizó en Toro Rosso, hizo suya una inolvidable victoria en Monza. Pero luego fue a mal…o a peor en Red Bull. Ganó, si, pero a que precio.

El hecho de llevar un coche dos segundos más rápido que nadie y ganar con suma facilildad no le ayudó en absoluto. Eran victorias no luchadas, sin mérito…no merecidas. Súmale a ello la manera de celebrar sus victorias con el dedito y su soberbia y prepotencia en su expersión corporal allí donde ganaba.

También fue silbado, abucheado y mucha la afición que dijo que no tenía talento. Que si ganaba era porque tenía un coche rápido, no por su valía.

Ahora le ocurre lo mismo que a su compatriota germano: llega a Ferrari en tiempos de sequía y demuestra su talento a base de ganar carreras en las que nadie hubiera apostado.

Dos vidas paralelas veinte años después. Dos carreras deportivas muy parecidas en muchos aspectos. Ahora más que nunca, Vettel se está ganando un hueco en el sitio de los pilotos bien considerados, con talento, con afán de lucha por ganar. Con carisma.

Sólo el tiempo dirá si gana siete coronas….

Jonathan Solanes → http://www.twitter.com/jsolanesgarcia

Comentarios

  1. lfp dice:

    No comparto. Es la visión del fanático de senna o alonso

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